L lueve y la tarde se torna gris. Llueve incesablemente y la ciudad está quieta. Llueven los silencios. Llueve y yo me visto de gris. Llueve cuando la ciudad duerme. Llueve y la calle está triste. Llueve para no dejar de llover. Llueve para cerrar cicatrices del alma. Llueve y el olor de la tierra mojada no es soledad. Llueve para divisar tu cara en las gotas de la ventana. Llueve y me gusta que llueva sólo para dormir. Llueve para ver una peli con vos. Llueve el tiempo. Llueven cada vez más cosas lindas. Llueve y se encienden tus ojos . Llueve reirnos y molestarnos. Llueven los dulces besos . Llueven mis gracias . Llueve amarte tanto . Llueven 2 meses. Llovemos juntos.
Estaba abrazada a vos, recostada sobre tu pecho. Vos casi dormias y yo estaba en eso.Mientras, pensaba en ese instante que quería detener. No quería que pasara la hora, sólo quedarme congelada en tus brazos tibios. Y seguir escuchándote respirar hasta quedar dormida. Pero todos los instantes pasan de largo. El tiempo no pasa , la vida es la que nos pasa. El tiempo sólo pasa para el resto de las cosas. A veces esta pasa tan rápido que nos aplasta y no nos pide permiso. Nos hace pestanear rápido e igualmente nos roba cosas. ¿Dónde estuve yo cuando me pasó tanta vida? Seguro ahí, pero no me di cuenta de que se volaban mis años, los años. Y llegué hasta aca coleccionando momentos. Llegué hasta esta etapa que comienza a terminar. Con idas y venidas, con personas nuevas y otras añejas, cosas que cambiaron y que cambie, personas que marcharon porque simplemente cambiaron de rumbo o fui yo, tropezones y levantadas... Y me pregunté,ya con los ojos cerrados,qué habrá pasado con aquellas p...
Nebulosa, mística y romántica ciudad de Estocolmo. E ntre el frío crudo, vagaba su figura y hacía brillar el agua. Extraña, pensaba y dibujaba su rostro vivido en un cielo que no tenía estrellas. Apaciblemente pasaron las horas, eternas, no quería irse. Ella era la causa y el efecto. No estaba él ni en cientos de millares. De ella no quedaba más que su resplandor a las orillas. Estocolmo le había quitado más que besos y versos, le quitó lo poco que le quedaba. Le quitó mañanas a colores y noches de ojos que se encuentran. Aquel día no fue consiente de que de a poco su mirada se apagaba hasta quedar ciega por unos instantes irreales. Sentada, todavía no sabía si seguía ciega, o la ficción había quedado atrás completamente. Se perdió en la inmensa quietud del horizonte negro, e ilusamente creyó que todo era un sueño. Que no estaba ahí, que él no se había ido, que seguían entremezclándose en cada esquina de la ciudad a islas, que todavía era aquel día y el reloj había quedado inmovil, q...
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